Terminaba 2019…

Terminaba 2019 con proyectos iniciados que me tendrían ocupada desde febrero del 2020. 

En enero preparaba mi tesis audiovisual para graduarme en junio y me reunía con mis compañeros y futuros colegas para arrancar el rodaje de varias obras audiovisuales en marzo. Ensayos, viajes a locaciones, planificación de jornadas, mensajes que iban y venían, y de repente el coronavirus que avanzaba y que tal vez paraban el transporte, y que había miedo a viajar de todas maneras y que lo suspendemos para abril. Mayo. Mejor Agosto. Veremos. 

El 27 de marzo se suponía que se levantaba la cuarentena. Buenísimo voy a poder estar en el nacimiento de mi primer sobrino después de que mi hermano mayor y mi cuñada afrontarán dos perdidas anteriores y casi perdieran las esperanzas. Pero no, se extiende. Y conocí a mi sobrino por videollamada. Pero nació bien y es lo que importa. Ya lo alzaré eso es seguro. 

Le digo a mi padre que nació su primer nieto y se lo muestro. Contento no ve la hora de sacarlo a pasear, dice. Esperemos que sí pueda, que su deterioro cognitivo no se lo impida. Tiene días buenos y días malos. La cuarentena no le ha afectado, el encierro ya era parte de su día a día. Y mientras yo este en casa no hay problema. 

Empieza a ser raro salir a la calle cuando es necesario. Cobrar su jubilación es tarea obligada y las largas colas en el cajero del único banco provincia de la zona consume toda la tarde. Y esperar el transporte publico lleva otro tanto. Cuando voy llegando a casa me asaltan y se llevan toda la documentación y el dinero. Recorro el barrio con la policía y para variar de nada sirve. Hago la denuncia y vuelvo a casa sin decir nada y pensando qué voy a hacer ahora. Era Pascua. 

Con ayuda de la familia, y el sentido común, solucioné lo más urgente. Y con la eterna espera al teléfono lo siguiente más urgente, denuncias, bloqueos y reclamos. Siempre es un mal momento para que te roben, y durante una pandemia es el peor momento para que te roben por primera vez. 

Y casi por segunda vez cuando entraron a mi casa una semana después. No, no eran los mismos. Y bueno un par de gritos y una llamada a la policía y saltaron el alto muro de la entrada. Voy  a tener que hacerlo más alto. 

Pero primero voy a tener que cercar el jardín porque a una gata callejera se le ocurrió parir a sus cuatro gatitos ahí, y ahora tengo que cuidarlos a los cinco. Y qué bueno que eligió mi jardín porque les hubiese ido mal en otro lado. 

Mientras veo por videollamada como cambian los ojos de mi sobrino de azul a marrón como le pasó a mi hermano. Y en directo como les cambian el color de azul a ámbar a los gatitos. Tomo clases online, me amigo con la idea de que me recibiré en 2021, salgo a la calle indocumentada y espero que superemos la pandemia por las personas que viven al limite todo el año.