Cuando pase la lluvia

Desde que empecé la cuarentena, escucho opiniones y percibo sensaciones de las más diversas. Los medios de comunicación y las redes sociales ofrecen un caleidoscopio de noticias que van desde las más diversas conspiraciones bacteriológicas, hasta el inminente apocalipsis contribuyendo, en muchos casos, a potenciar otra pandemia, la de la sobre información.

La objetividad, la templanza y el sentido común, en situaciones normales, no suelen ser moneda corriente en buena parte de esta sociedad caracterizada  por la exacerbación y los fanatismos.

Durante todo este periodo que atravesamos venimos transitando desde un blindado aislamiento hacia una gradual apertura del encierro, motivada en muchos casos, por el hastío de mucha gente respecto a un confinamiento que, al prolongarse en el tiempo, ha empezado a causar en mucha gente una serie de sensaciones angustiantes, tanto desde lo emocional por la ausencia del contacto físico o presencial con sus afectos, como por las consecuencias económicas y laborales.

Cierto es que muchos, pese a la angustia, el cansancio, la incertidumbre, y la muy preocupante economía, se mantienen en resguardo, porque nadie sabe donde puede circular este nuevo personaje, el virus,  que se ha transformado en eje central de la vida nacional e internacional….aunque haya muchos otros protagonistas que tampoco debiéramos olvidar.

Cada uno atraviesa las circunstancias que le tocan vivir, me atrevería a decir, en muchos casos, como puede, no como quiere. A su vez, ya sea en uno u otro caso nos atraviesan emociones que nos movilizan, y es precisamente en este punto, para mí, donde se centra la cuestión mas importante para prestarle atención. Mas allá de lo que en esta circunstancia en particular nos toca vivir, como es un virus del que poco se sabe, hay un eje común a cualquier coyuntura y es, la oportunidad de aprender, de modificar, de reflexionar…..de mirarnos adentro, es decir cómo nos vemos, realizar una introspección que nos contacte con lo que verdaderamente nos pasa.

En lo personal, he atravesado ya varias etapas, muchas experiencias de las más diversas, momentos inolvidablemente felices, y de los otros, pero si hay algo que realmente agradezco es el haber aprendido a trabajar mucho conmigo misma, a pedir ayuda, cosa que no me fue nada fácil, pero que gracias a la crianza recibida, la fuerza de voluntad, la formación y sin lugar a dudas los afectos, tuve la oportunidad de trabajar en forma introspectiva, y lo que es más difícil, evitar rumiar, machacar, porque es muy fácil resbalarse mentalmente hacia la repetición de nuestras preocupaciones lo cual no hace otra cosa que agotarnos, perder energías y quizás, mas tarde o más temprano, abrirle la puerta a la ansiedad, síntoma que también he vivido.

Este tiempo que nos emparenta en la distancia, nos pone a prueba y esa prueba, queda claro, no es igual para todos. Algunos la transitan en soledad, otros con su familia, pareja, en la casa, en medio de un viaje, en la calle, y tantas otras formas, la cuestión es como lo sobrellevamos y es aquí  donde me instalo en primera persona porque uno solo puede hablar por sí mismo, no por  los otros; Si puede, y a mi entender debe, procurar ponerse en los zapatos del otro para tratar de comprender porque no todos nos comportamos, reaccionamos y mucho menos sentimos de la misma manera, por eso deberíamos esforzarnos más en desarrollar la capacidad de percibir o compartir los sentimientos, pensamientos y emociones de los demás, ser mas empáticos, no es tan complicado, sin embargo a muchos les cuesta, quizás porque no comprendan que no se trata de pensar o comportarse como el otro sino respetarlo en sus convicciones más allá que lo compartamos o no y siempre que no perjudique a los demás.

Ya sé que decirlo es mucho más fácil que hacerlo pero estoy convencida que estaríamos al menos un poco mejor. Esto no significa que al intentar modificar aspectos que nos puedan perjudicar, estancar o cerrarnos a nuevas oportunidades en el aspecto que fuere, sea sencillo, las equivocaciones, forman parte de nuestra naturaleza, no las queremos, pero están y las cometeremos por mas bronca que nos de, al igual que el hecho de que las metas que en algún momento nos fijamos o los deseos que nos gustaría satisfacer,  mañana pueden ya no serlo por la sencilla razón que las necesidades u objetivos de la persona que hoy somos, mañana pueden cambiar, lo que me hace recordar, en mi caso particular, de que una debe tener la capacidad de no ser tan severa consigo misma, y dejar fluir esos momentos de malestar, cansancio, o como a veces llamamos “en blanco”, porque a pesar que racionalmente parezca una obviedad la imposibilidad de forzar algo que no está, emocionalmente no lo es, porque  las emociones surgen sin llamarlas y así como pueden envolvernos de felicidad, pueden angustiarnos.

La cuarentena que hoy atravesamos y que aun no sabemos hasta cuando nos mantendrá distanciados puede ser un factor angustiante, de preocupación, temor o molestia, pero también puede servir  de disparador para conocernos, redescubrir sentimientos, habilidades, metas, así como también para clarificar lo que ya no queremos,  o vislumbrar aquello que nos haría bien modificar.

Por supuesto que este trabajo con nosotros mismos es una tarea constante y que puede ir cambiando porque como dije antes, no somos seres estáticos, vamos cambiando al igual que las circunstancias.

En medio del torbellino de reflexiones que puedan surgirnos, y de las cuales muy probablemente solo queden algunas, bien vale la pena adoptar algunas rutinas diarias que nos ayudan a mantenernos activos.

En mi caso las meditaciones, los ejercicios de chikun, yoga, la lectura, la escritura, las caminatas por la terraza, los talleres virtuales y mi afición por las series, el teatro, la danza, la música y el contacto con mis afectos, sin importar que sea a través de un teléfono o una pantalla, han colaborado en mantener un equilibrio, podría decirse, bastante logrado, por supuesto no sin sus altibajos, porque como bien aludí anteriormente, como seres sintientes que somos, nuestros estados cambian como el tiempo y, al igual que las tormentas, podrán ser de mayor o menor intensidad pero, cuando pare la lluvia, se despejará el cielo y el sol nos volverá a iluminar…..